Descripción
La caries dental es una enfermedad en la que las bacterias del biofilm dental (placa) que cubre la superficie del diente descomponen los azúcares de los alimentos y producen ácidos que disuelven los minerales de la superficie dentaria, destruyendo poco a poco el tejido del diente. La lesión puede avanzar o detenerse según el equilibrio entre cuatro factores (bacterias, carbohidratos fermentables, el diente y el tiempo) y los factores de defensa, como la acción amortiguadora de la saliva y el flúor. Cuando el pH del biofilm cae por debajo de 5.5, el mineral que compone el esmalte comienza a disolverse, y si este proceso continúa, termina formando un orificio visible (cavidad).
Causas
La causa más frecuente es el proceso por el cual el Streptococcus mutans y otras bacterias del biofilm dental descomponen el azúcar (sacarosa) y producen ácido. Comer alimentos dulces con frecuencia o cepillarse los dientes de forma insuficiente prolonga el tiempo en que se produce ácido, lo que facilita el avance de la lesión.
Otra causa importante es la hiposalivación (boca seca). Cuando la saliva disminuye bruscamente por medicamentos como antidepresivos o diuréticos, radioterapia o el síndrome de Sjögren, desaparecen la autolimpieza y la acción amortiguadora de la saliva, y la caries puede extenderse de forma explosiva a varios dientes en poco tiempo.
Síntomas
En las etapas iniciales, la superficie del diente suele mostrar solo una mancha blanca opaca (mancha blanca), sin dolor. Al avanzar, la mancha se vuelve marrón o negra, aparece un orificio real en la superficie y puede sentirse sensibilidad dental al frío o a los alimentos dulces.
Sin embargo, una lesión de color marrón o negro que sea dura, lisa y brillante puede ser una lesión detenida o inactiva, por lo que hay que considerar diversos factores además del color.
Sin embargo, hay excepciones. La caries inicial que se forma entre dos dientes (superficie interproximal) no se ve a simple vista ni se detecta bien al recorrerla con un instrumento, por lo que es habitual que pase sin ningún síntoma hasta que está bastante avanzada. La ausencia de síntomas no significa que no haya caries.

Diagnóstico
El diagnóstico se basa en preguntar por los síntomas y examinar la superficie del diente con la vista y con instrumentos, junto con radiografías para detectar lesiones que no son visibles a simple vista. En particular, la caries interproximal (entre dientes) o la caries nueva que se forma bajo una restauración previa son difíciles de confirmar solo con la vista o con instrumentos, por lo que la radiografía resulta la más útil. Esta radiografía permite estimar la dirección de avance y la extensión de la lesión, por lo que en personas propensas a la caries se toma cada 3 a 6 meses como indicador para decidir si es necesario tratar. Sin embargo, presionar con fuerza la superficie debilitada con un instrumento puede llegar a destruirla, por lo que el diagnóstico no se basa en un solo examen, sino en la combinación de varios hallazgos.

Tratamiento y dónde acudir
En la etapa de mancha blanca, cuando todavía no se ha formado un orificio, la lesión puede detenerse o incluso revertirse solo con aplicar agentes remineralizantes como el flúor, sin necesidad de desgaste, junto con un buen cepillado, control de la dieta y seguimiento de la evolución.
Si ya existe un orificio que requiere obturación, el estándar es el abordaje mínimamente invasivo: eliminar de forma selectiva solo la dentina infectada por bacterias, conservando al máximo el tejido sano, y luego rellenar con materiales como la resina.
Sin embargo, las caries profundas, cercanas a la pulpa (nervio), requieren además un tratamiento de protección pulpar. Si las bacterias llegan a la pulpa y provocan una inflamación irreversible, es necesario un tratamiento de conducto (endodoncia), y en los casos de destrucción tan extensa que el diente no se puede salvar, se llega a considerar la extracción. La atención la brinda un dentista especializado en operatoria dental y endodoncia.
Evolución y precauciones
Si no se trata, las bacterias y sus toxinas pueden desplazarse por los diminutos túbulos dentro de la dentina (túbulos dentinarios) hasta la pulpa (nervio) y provocar inflamación; si avanza más, el nervio puede morir (necrosis pulpar) o la inflamación puede extenderse hasta el área alrededor de la raíz.
Después del tratamiento, ayuda a prevenir la recurrencia acudir a revisiones periódicas y radiografías cada 3 a 6 meses, y, si el riesgo de caries es alto, aplicarse flúor cada 3 meses. La sensibilidad al frío o a los dulces suele desaparecer al eliminar la causa, pero si aparece un dolor pulsátil espontáneo sin ningún estímulo, puede ser señal de que la inflamación ha llegado al nervio, por lo que se debe acudir al dentista cuanto antes.


