Descripción
La necrosis pulpar es el estado en que la circulación sanguínea de la pulpa (el tejido nervioso y vascular del interior del diente, comúnmente llamado "el nervio del diente") se detiene por completo y todo el tejido muere. Cuando una infección bacteriana, un traumatismo o una caries profunda interrumpen el aporte de oxígeno y nutrientes a la pulpa, esta no se recupera y muere. Una vez muerta la pulpa, deja de responder a estímulos fríos, calientes o eléctricos, por lo que en muchos casos el dolor desaparece. Sin embargo, la ausencia de dolor no significa que el diente esté curado: puede ser señal de que las bacterias siguen creciendo dentro del tejido muerto.

Causas
La causa más frecuente es una caries profunda que avanza hasta el nervio e infecta la pulpa. Un caso representativo es la pulpitis irreversible (una inflamación del nervio que no se recupera aunque se elimine el estímulo) que, si se deja sin tratar, evoluciona con el tiempo hacia la necrosis pulpar. Un traumatismo que fractura o golpea el diente y corta la circulación de la pulpa es también una causa habitual.
Entre las causas menos frecuentes pero importantes están las fisuras que agrietan el diente, la exposición de los túbulos dentinarios de la superficie del diente que permite la entrada de bacterias, y la enfermedad periodontal grave que bloquea el aporte sanguíneo desde la raíz del diente. Estos casos son fáciles de pasar por alto, ya que la pulpa puede morir aunque no haya caries ni traumatismo evidentes.
Síntomas
El síntoma más característico es, paradójicamente, la "ausencia de síntomas". Como el nervio ha muerto y no puede transmitir sensaciones, el diente no reacciona al frío ni al calor, y muchas veces el dolor que había desaparece en algún momento sin más molestias. El oscurecimiento del diente a un tono gris, marrón o, en casos graves, gris azulado oscuro, causado por la infiltración de componentes sanguíneos en la dentina, puede ser una señal visible.
Sin embargo, no todos los casos son asintomáticos. Si la inflamación se extiende al tejido alrededor del ápice radicular, puede doler al masticar o al golpear el diente, y en algunos casos la encía se hincha y supura pus. No hay que confiarse por la falta de dolor: si el color del diente ha cambiado o hay molestias al masticar, es necesario acudir al dentista.
Diagnóstico
La necrosis pulpar se diagnostica combinando varias pruebas. Lo básico es comprobar si el nervio sigue vivo mediante una prueba que aplica un estímulo eléctrico suave y otra que aplica agua fría y caliente; si la pulpa ha muerto, ninguna de las dos produce respuesta. Sin embargo, cuando la necrosis solo ha avanzado parcialmente o según las condiciones de la prueba, un nervio realmente muerto puede parecer que responde, o uno vivo puede parecer que no responde, por lo que no se determina el diagnóstico con el resultado de una sola prueba.
También se golpea el diente para observar la inflamación alrededor de la raíz, se presiona la encía con el dedo para comprobar hinchazón o pus, y se toman radiografías para ver los cambios óseos alrededor del ápice radicular. Si estas pruebas no son concluyentes, a veces se desgasta ligeramente el diente sin anestesia para comprobar si hay sensibilidad, y en casos complejos se examina con precisión la extensión de la lesión mediante una tomografía computarizada tridimensional.
Tratamiento y dónde acudir
El tratamiento estándar de la necrosis pulpar es la endodoncia (tratamiento de conducto). Consiste en eliminar el tejido pulpar muerto y las bacterias que contiene, limpiar y desinfectar el interior del conducto, y luego rellenarlo y sellarlo; lo realiza un dentista especializado en tratamiento de conducto. Cuando se forma un absceso agudo en el ápice radicular con encía hinchada y dolor intenso, primero se puede hacer una incisión para drenar el pus y después realizar la endodoncia, o bien se puede desgastar el diente para realizar el drenaje agudo a través del conducto (la vía del nervio).
Si la lesión no cura con la endodoncia no quirúrgica, o si la forma del conducto dificulta el abordaje no quirúrgico, se considera la endodoncia quirúrgica. Este método consiste en abrir directamente la zona periapical, eliminar el tejido infectado y una porción del extremo de la raíz, y rellenar en sentido inverso; en los últimos años, el uso de microscopios quirúrgicos y materiales biocompatibles ha aumentado la tasa de éxito de la curación. En cualquier etapa se necesita la atención de un dentista especializado en tratamiento de conducto.
Evolución y precauciones
Si no se trata, las bacterias y toxinas del interior de la pulpa muerta pueden extenderse más allá del ápice radicular y evolucionar hacia lesiones como periodontitis apical, abscesos periapicales (alveolares) agudos o crónicos, granulomas o quistes radiculares. Aunque no haya síntomas, el hueso del ápice radicular puede ir destruyéndose poco a poco mientras se posterga el tratamiento.

Se debe acudir al dentista de inmediato en los siguientes casos: si la encía se hincha de repente o hay supuración, si aparece fiebre junto con hinchazón que se extiende hacia la cara o el cuello, o si hay un dolor insoportable al masticar. Después de la endodoncia es necesario un seguimiento periódico para comprobar si el dolor al golpear el diente disminuye y si la lesión del ápice radicular se reduce en las radiografías.


