Pregunta
Ayer me golpeé sin querer la punta de un incisivo. Al mirarme en el espejo apenas se nota nada, parece que se astilló muy poco, y no siento dolor ni sensibilidad. Me pregunto si, aunque el defecto sea tan pequeño, debo ir al dentista.
Respuesta breve
Incluso un defecto tan pequeño que apenas se nota conviene revisarlo una vez en el dentista. La ausencia de dolor por sí sola no permite saber si la fractura se limitó al esmalte (la capa externa dura que recubre la superficie del diente) o si llegó hasta la dentina (el tejido del cuerpo del diente que está por debajo del esmalte). Una fractura limitada al esmalte suele resolverse puliendo el borde áspero o con una restauración sencilla de resina (un material de relleno del color del diente), pero si queda expuesta la dentina, primero es necesario un tratamiento que proteja el nervio.
¿Por qué?
Incluso un defecto muy pequeño puede tener distinta profundidad de fractura

Las fracturas producidas por un golpe en el diente se dividen en tres tipos: las limitadas solo al esmalte, las que afectan al esmalte y la dentina subyacente en conjunto, y, más raramente, las que exponen la pulpa (el tejido nervioso y vascular dentro del diente). Según las estadísticas de traumatismos dentales, las fracturas limitadas al esmalte representan un 17,4%, las que afectan a esmalte y dentina un 18,2%, mientras que la exposición pulpar se reporta con relativa poca frecuencia, en un 2,6% de los casos. Sin embargo, estas cifras son solo estadísticas generales, y aunque a simple vista parezca una astilla muy leve, es difícil determinar con precisión hasta dónde llega la línea de fractura solo con la vista.
Las fracturas limitadas al esmalte incluyen tanto grietas como bordes desportillados, y por lo general no producen molestia en la prueba de percusión ni alteran la respuesta normal en la prueba de vitalidad pulpar. En un seguimiento de 10 años a 32 dientes con la raíz ya formada, no hubo ningún caso de muerte del nervio en esta situación, lo que indica un pronóstico bastante favorable. Aun así, un diente que sufrió un traumatismo puede cambiar de estado con el tiempo, por lo que se recomienda un control periódico a las 6-8 semanas del golpe y, si no hay problemas, otro al año.
El caso de una exposición pulpar amplia implica una prioridad y un método de tratamiento muy distintos, así que no se trata en este artículo.
Si la fractura llega hasta la dentina, primero se protege el nervio
Si la fractura llega hasta la dentina, la situación cambia. Cuando queda expuesta una zona amplia de dentina, la pulpa que está debajo queda directamente expuesta a los estímulos externos, lo que puede provocar una hiperemia pulpar (una reacción inflamatoria inicial en la que los microvasos del tejido nervioso se dilatan y se congestionan de sangre). Esta etapa es reversible, ya que el dolor cede rápido en cuanto desaparece el estímulo, pero si se deja sin tratar puede progresar a una inflamación más profunda, así que la prioridad es sellar la dentina expuesta para bloquear el estímulo. En estos casos suele dejarse un margen de al menos 4 semanas, y a veces de 6 a 8 semanas, para que el nervio se estabilice; durante ese tiempo es frecuente hacer una restauración provisional con cemento de ionómero de vidrio (un material de relleno provisional del color del diente) o pasar a una restauración de resina con una funda de celuloide como molde.
Qué evalúa el dentista

El dentista utiliza varias pruebas para estimar el alcance de la fractura. La prueba de percusión, que consiste en golpear suavemente el diente, evalúa si hay inflamación en el ligamento periodontal que rodea y sostiene el diente. Si la fractura se limita al esmalte, normalmente esta prueba no genera molestia, pero si al golpear se siente dolor, hay que sospechar de un problema más profundo, como daño al tejido de soporte o una fractura radicular, y examinarlo más a fondo.
La prueba de vitalidad pulpar (como la prueba de vitalidad pulpar eléctrica) confirma si la pulpa sigue viva. Sin embargo, justo después de un traumatismo el nervio puede sufrir una conmoción temporal y no responder a la prueba aunque en realidad siga vivo, por lo que no se concluye que el nervio ha muerto a partir de un único resultado: se repite la prueba 1 a 2 semanas después para comprobar si se recupera.
También se comprueba si, junto con la astilla, se produjo una grieta fina. La prueba de oclusión, en la que se presiona una a una las cúspides (las puntas de la superficie masticatoria) con un palillo de madera o un instrumento como el Tooth Slooth, se usa para detectar si además hay un diente fisurado, que produce un dolor agudo y momentáneo solo al masticar.
Cómo se decide la restauración
El método de restauración depende de hasta dónde llegó la fractura y de si se conservó el fragmento desprendido. Si se limita al esmalte y solo dejó la superficie áspera, a veces basta con pulir esa zona, y si el defecto es visible, se rellena con resina. Si quedó expuesta la dentina, primero se realiza el tratamiento de protección descrito antes y luego se pasa a la restauración definitiva.
Si se conservó el fragmento desprendido, reencolarlo para devolver el diente a su forma original también es una opción. Esta técnica consiste en fijar el fragmento en su posición original mediante grabado ácido (un proceso que trata microscópicamente la superficie del diente para mejorar la adhesión) y un adhesivo de resina, y puede realizarse cuando el fragmento se conservó en buen estado y las superficies de fractura encajan bien entre sí. Si se reencola con una exposición amplia de dentina, antes se realiza el tratamiento de protección del nervio.


