Pregunta

Es habitual escuchar la preocupación de que la zona donde se unen el diente y la encía se ha hundido. Todavía no hay demasiada sensibilidad, pero al mirarse en el espejo se nota una hendidura visible, y surge la duda de si hay que rellenarla ya con resina o si se puede simplemente observar.

Respuesta breve

La decisión depende de evaluar juntos la profundidad de la lesión, los síntomas y el estado de la encía. Si la lesión es superficial y no hay sensibilidad ni molestias estéticas, suele optarse por observar mientras se controla el hábito que la causa. Si la lesión supera cierta profundidad, si la hipersensibilidad no cede con el cuidado en casa, si hay inflamación de la encía o si existe riesgo de exposición de la pulpa, se considera restaurar con resina u otro material. Cuando solo hay sensibilidad, suele seguirse primero un intento de calmarla con pasta dental o procedimientos en la consulta, y pasar a la restauración únicamente si ese efecto resulta insuficiente.

¿Por qué es así?

Por qué se hunde el diente cerca de la encía

En odontología, este tipo de lesión se llama lesión cervical no cariosa, porque la pérdida de tejido en el cuello del diente no se debe a la caries. No responde a una sola causa, sino que es una lesión multifactorial en la que se superponen varios factores. Entre los principales factores contribuyentes están la abrasión, el desgaste de la superficie dental por fricción repetida como el cepillado; la erosión, la disolución química de la superficie dental por ácidos como los de alimentos ácidos o el ácido gástrico; y la abfracción, en la que una fuerza masticatoria anómala flexiona microscópicamente el diente y concentra tensión en la zona cervical, desprendiendo el tejido en forma de cuña. Si el hábito o el estímulo causante continúa, la lesión también sigue progresando.

Cuándo se puede observar y cuándo se considera restaurar

Los libros de texto explican que, para decidir si restaurar una lesión, deben evaluarse varios elementos en conjunto: la profundidad de la lesión, si hay caries activa en curso, si el aspecto visible representa un problema estético que preocupa, si hay sensibilidad (hipersensibilidad dentinaria), si hay inflamación de la encía o necesidad de frenar una mayor recesión, y si existe riesgo de que quede expuesta la pulpa (el tejido nervioso del diente). Si ninguno de estos aplica, suele decidirse no rellenar la lesión de inmediato, sino observarla mientras se controla el hábito causante.

La profundidad también se plantea con criterios concretos. Los libros de texto proponen considerar la restauración cuando la profundidad de la lesión supera 1,5 mm, o, según otro criterio, cuando la profundidad de la pared axial supera 2 mm. Sin embargo, no se decide solo por la profundidad: también se observa si están presentes, a la vez, los demás elementos mencionados.

Corte transversal que compara, uno junto a otro, un diente con una lesión superficial en el cuello y la encía en posición normal, y un diente con una lesión más profunda junto con recesión de la encía
Ilustración que compara una lesión cervical superficial y sin síntomas, que se observa mientras se controla la causa, con una lesión más profunda acompañada de recesión gingival, en la que se evalúa la restauración. Ilustración. Imagen generada por IA

La sensibilidad se aborda por etapas

Cuando la lesión se acompaña de sensibilidad, suele intentarse primero calmar ese síntoma en sí. En casa, se usa de forma constante una pasta dental para hipersensibilidad, con componentes que calman la excitación nerviosa o que vuelven a rellenar con minerales la entrada de los túbulos dentinarios. Si el efecto sigue siendo insuficiente, en la clínica se pueden aplicar procedimientos como selladores para bloquear la entrada de los túbulos, barniz de flúor o tratamiento con láser. Cuando ni siquiera estos procedimientos logran calmar suficientemente el síntoma, y cuando además están presentes otras condiciones como la profundidad de la lesión, la estética o el riesgo de exposición pulpar, se considera restaurar la superficie expuesta con materiales como resina o ionómero de vidrio. La hipersensibilidad dentinaria trata este abordaje por etapas con más detalle.

Tres escenas en orden: una etapa de cuidado en casa con pasta dental y cepillo, una etapa de procedimiento en la consulta con instrumentos, y una etapa de restauración en la que la lesión queda rellenada con material
Ilustración que muestra el flujo por etapas, desde el cuidado en casa con pasta dental, pasando por procedimientos en la consulta, hasta llegar a la restauración cuando persiste la sensibilidad. Ilustración. Imagen generada por IA

Cuando también está comprometido el estado de la encía

En algunos casos, la lesión se acompaña de recesión de la encía. Si falta tejido que cubra la encía (encía adherida) o si hay recesión gingival de clase I o clase II según la clasificación de Miller, se evalúa realizar a la vez un injerto que eleve el tejido gingival y una restauración con ionómero de vidrio reforzado con resina. En este caso, no se recomienda injertar solo la zona donde está expuesto el esmalte, ya que resulta difícil que la encía se adhiera y crezca ahí o que reciba aporte sanguíneo. Se suele discutir, en cambio, restaurar el defecto de forma conjunta.

Si la causa es una abfracción marcada, con una fuerza de flexión dental pronunciada, hay una consideración adicional al elegir el material. Se recomiendan una resina compuesta de micropartículas o un ionómero de vidrio reforzado con resina, ambos con un módulo de elasticidad bajo que permite flexionarse ligeramente junto con el diente. Los criterios más detallados para decidir entre resina compuesta e ionómero de vidrio, según la ubicación de la lesión y el estado de la encía, se trataron en ¿Con resina o con ionómero de vidrio se rellena una lesión en el cuello del diente?.